La Ética de denunciar al Gobierno (whistleblowing)
La Ética de denunciar al Gobierno (whistleblowing)
Bradley (ahora Chelsea) Manning filtró
más de 750,000 documentos clasificados a
WikiLeaks, Julian Assange publicó los documentos secretos filtrados por
Manning, y Edward Snowden lanzó el silbato al programa de vigilancia nacional e
internacional de la Agencia de Seguridad Nacional. La interpretación de estos
actos dio lugar a un dilema ético porque para algunas estas personas actuaron
de manera heroica, pero para otras eran "antiamericanas" y
"traidoras". Por un lado, hay buenas razones para condenar a quienes
incautan ilegalmente y buscan difundir información de seguridad nacional; por
otro lado, las filtraciones a menudo desempeñan un papel importante al exponer
los delitos graves cometidos por el gobierno e informar al público.
“la denuncia del gobierno (whistleblowing)”, implica la adquisición
no autorizada y la revelación de la información clasificada sobre el estado o
gobierno. Lo que importa es que la denuncia del gobierno es externo e
ilegal, mientras que “la denuncia pública”, es típicamente interno y legalmente
protegido.
Parece que la diferencia principal
está en el acto y el recipiente de whistleblowing. En primer lugar, mientras
que los whistleblowers corporativos y públicos a menudo actúan dentro de la
ley pasando por los canales apropiados de peticiones, los whistleblowers del gobierno,
por entendido, terminan por destinar delitos robando y escapándose la
información clasificada, aun cuando comenzaron por el protocolo. En segundo
lugar, en vez de relatar la información a las autoridades, como los whistleblowers
corporativos y públicos por lo general hacen, los whistleblowers hacia el
gobierno transmiten la información al público (directamente o indirectamente
vía una salida de noticias).
En teoría el whistleblowing se ve como
un instrumento crucial de la aplicación de la ley en el sector público. Así en
2009 el presidente Barack Obama elogió a los whistleblowers en referencia a la
Acción de Lloyd la Follette de 1912 que garantiza el derecho de empleados
federales de amueblar la información al Congreso estadounidense y los protege
del descarte injusto. La Ley de protección de Whistleblower Militar asegura el
derecho de miembros de las fuerzas armadas para comunicarse con cualquier
miembro de Congreso, etc.
Los empleados y los contratistas a
menudo prestan un juramento para no revelar la información clasificada que se
basa en un deber moral pro tanto de mantener
en secreto información confidencial. Muchos whistleblowers no afirman jurar un
juramento, sino que juraron proteger y defender la Constitución. De ahí, los
empleados del gobierno dados de alta típicamente tienen una obligación moral de
la confidencialidad y se les prohíbe revelar información clasificada.
¿Pero están moralmente obligados los
empleados del gobierno a no revelar la información confidencial simplemente en
virtud de haber prestado un juramento u ocupación de cierta oficina? ¿En efecto
somos moralmente ligados por las promesas que hicimos libremente,
independientemente del contenido de estas promesas? El argumento que el cuidado
de la promesa tiene una superioridad moral general que falla cualquier otra
clase del deber moral aun cuando la conducta implica el rendimiento del acto profundamente
desagradable es altamente cuestionable. La razón que es que el peso moral de
las promesas no predomina a otras obligaciones morales. Podemos afirmar que el
deber de guardar secretos suele ser muy pesado en el equilibrio de motivos como
es el deber de relatar el abuso del gobierno; en este caso la revelación se
puede justificar.
Denunciar al gobierno también
implica la traición del país o deslealtad estatal o patriótica. El patriotismo
o la deslealtad se pueden determinar buscando los motivos del agente; la
exactitud de la acción se evalúa entonces examinando las consecuencias. De aquí
en adelante, saber que alguien actuó de la lealtad o de la deslealtad no coloca
la pregunta si la acción de alguien se justificó.
La acción no está en las
motivaciones no patrióticas del agente, pero en los efectos potencialmente
dañinos puede causar la seguridad de un individuo, la seguridad nacional, y o la
confianza del público. En su discusión de la fuerza moral de la ley en Summa
Theologica, Aquinas sostiene que los sujetos desafiando leyes injustas que son
“al contrario del bien común” deben pesar con cautela y pensativamente los
gastos esperados y las ventajas de la desobediencia contra los causados por la
conformidad con la ley.
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